lunes, 3 de diciembre de 2012

Todo lo demás


(Si pudiera pintar)
mancillaría la blancura original del lienzo
con las variadas tonalidades de los escenarios de cada encuentro.
Los verdes pastos donde pacían aquellos caballos,
las azules aguas del puerto golpeando los barcos,
o los naranjas de las luces de la ciudad vistas desde un alto.

  
(Si fuera poeta)
desgranaría verso a verso
la magia de cada cita.
Las armoniosas rimas, con su métrica y sus cadencias,
serían el eco de tus palabras dulces, oportunas y sinceras.


(Si fuera cantautora)
Entonaría con voz firme pero melodiosa
una canción protesta,
porque, a pesar, de tanta reunión ideal y perfecta,
NO siento nada.

sábado, 24 de noviembre de 2012

Basado en hechos reales (II)


"Tentativa de homicidio imprudente"


ESCENA ÚNICA.
A media tarde inglesa, aproximadamente las 2pm.

En un café de tintes bohemios, repleto de cacharros que, analizados por separado, son una terrible ofensa para la estética, pero, que, en conjunto, para nada armonioso, otorgan un aire artístico, diferente y encantador al lugar. Media tetera sobresale del techo. Un par de paredes pintadas de verde, y de las que asoman esculturas con forma de fuente, imitan un jardín versallesco. Muebles que, ambicionando aparentar haber sido fabricados por un diestro artesano siglos atrás, más bien parecen comprados en un rastro a precio de saldo.

Dos mujeres con un claro problema de sobrepeso. Una de ellas, de alrededor de 50 años, sostiene una bolsa de papel, y sonríe. La otra, unos 20 años más joven, señala una mesa vacía.

–  Te he traído un detalle – dice la mayor, mientras le acerca la bolsa a la destinataria del presente, quien esboza una sonrisa, sorprendida y a la vez, encantada.
 – Oh.
 –  Espero que te gusten los dulces. 
 – Soy diabética. 

Momento de tensión. La joven continúa hablando.

– Me han diagnosticado diabetes. – dice pausadamente, mientras la mayor intenta, en vano, ocultar su decepción y vergüenza por tremendo, aunque inintencionado, atentado a la salud.

Entonces, la joven, mirando al vacío comenta en tono lastimoso:  
 – Y debería dejar de beber....

viernes, 16 de noviembre de 2012

Cosas que pasan (VIII)


Una tarde de domingo más, y como cada semana, unos cuantos amigos nos reunimos en nuestro bar friki favorito, para jugar al billar y beber unas pintas de Guinness.
Rodeados de figuritas de Star Wars, reproducción del Halcón Milenario inclusive, y de pósters de pelis de Tarantino, hacíamos balance de la semana, repasando los momentos más emblemáticos, y nos lamentábamos de la proximidad del maldito Lunes.

Interrumpió nuestro debate trascendental la ruidosa entrada en el local de un grupo de personas, que se acercó a la barra y se dispuso a pedir cócteles con nombres de personajes de la mítica saga de George Lucas. Entre el barullo, destacaba una chica, demasiado rubia y con un estilo marcadamente ochentero, que no dejaba de rodear por la cintura y atusar el pelo a un moreno gafapasta, que parecía bastante fastidiado por la actitud de ella. La rubia en cuestión, no tardó en reparar en nuestra presencia, especialmente en la de Raúl, uno de mis amigos, al que no quitó ojo desde entonces. 

Algo más tarde, y aprovechando que la mesa de billar se encontraba en el camino a los servicios, se acercó a mi amigo y, disimuladamente, le dijo al oído: – Me gustas, ¿quieres mi número?  Y Raúl, algo atónito, clavó su mirada en los ojos de ella por unos segundos, y luego la desvió hacia el otro chico, que estaba distraído hablando con el resto de su pandilla. Y como ella entendiera sus dudas, le espetó: – No es mi novio. A lo que Raúl respondió: – Ah, pues si tú no estás interesada, voy a presentarme al guapo de tu amigo.

jueves, 8 de noviembre de 2012

Basado en hechos reales (I)

"Grandes lecciones vitales"


ESCENA ÚNICA

Una madre a su hijo de 10 años. En algún lugar al sur de Inglaterra. A bordo de un tren.

– Hay dos tipos de "lo siento": cuando cometes un error y cuando alguien se muere.




(Inauguro Sección en el blog. Vivo o soy testigo independiente de tanta historia surrealista que he decidido compartir algunas. Espero que os gusten)

viernes, 28 de septiembre de 2012

Las razones de mi ausencia


Vierto algo de agua en la tetera y la pongo a calentar. Pienso en mi búsqueda de otra casa donde vivir –quizá en una ciudad diferente –, en encontrar un empleo a tiempo parcial para conseguir algunas libras, y finalmente, en ese anhelo que me aleja de España: conseguir un trabajo "en lo mío".

El agua bulle y dejo caer una bolsita de Earl Grey en mi taza de Elvis, que se va a inundando poco a poco.

Ya es otoño, y lleva varios días lloviendo sin parar.

Mi mente está tan hastiada de pesquisas que no parece darse cuenta de que mi mano, que no suelta una cucharilla, ha iniciado una competición de velocidad en la cual el té va a acabar mareado.

Entre sorbito y sorbito, sigo analizando alquileres y ofertas… me estoy haciendo mayor (y un poquito British).

martes, 14 de agosto de 2012

Lluvia


Ella sabía que a él le gustaba. Porque  si no, ¿cómo se explicaba que siempre le invitara a una tacita de té americano los sábados a media tarde? ¿las miradas cómplices y risas tontas tomando cerveza los viernes por la noche? ¿o que aun siendo los únicos ocupantes de ese ascensor de capacidad máxima de 6 personas siempre acabara rozándole la mano? Pero seguía sin estar convencida al 100%, o al 95%, que la seguridad absoluta queda reservada para las leyes de la física y las matemáticas. Se cansaba de esperar a que él hiciera algún movimiento, por leve que fuera, para lanzarse en plancha, quizá al vacío. 
Hasta que un día decidió que eligiera el azar. O al menos le dio un papel en la trama. En ese día concreto, si llovía, le daría un beso. Y, si bien es cierto que la probabilidad de lluvias era de un 80%, y que estaban en pleno otoño, pasaban las horas y ninguna nube negra asomaba por el cielo. Y allí estaban los dos, sentados en sendas tumbonas, en el patio del ático de ella, rodeados de sus macetas de flores, desafiando a la prevista lluvia y al amor. Pero hay cabezas locas, que no se detienen ante nada, ni ante la lluvia (o la falta de ella). Así que, en un rápido movimiento, ella se levantó, alcanzó la regadera y, como poseída, comenzó a verter poquito a poco el contenido sobre su propia cabeza, al tiempo que se acercaba a la tumbona donde él, atónito, la observaba, sin saber si reír o alarmarse por la súbita pérdida de juicio de ella. Y entonces, mientras caían gotas de agua sobre sus cabezas, sucedió.


viernes, 13 de julio de 2012

Gabo no volverá a escribir

Hace pocos días se ha difundido la noticia de que Gabriel García Márquez tiene demencia. Así lo anunciaba su hermano junto con la consecuencia inevitable: no habrá más letras de su autoría.
Es una noticia triste. Es, probablemente, mi escritor favorito, y, por ello, creo haber leído toda su obra hasta la fecha. Me cuesta hacerme a la idea de que no habrá más libros suyos...

Un mes atrás, en el aeropuerto de Madrid, en una de esas tiendas de prensa y libros para los viajeros aburridos, encontré un libro de Saramago que no conocía. Se titula "Claraboya". Me sorprendió, porque el portugués que, también es uno de mis autores predilectos, falleció hace dos años, con lo cual, al igual que García Márquez, el mundo se ha visto privado de sus líneas y tramas. Esta obra fue escrita hace 50 años, cuando él no era un autor de renombre. Entonces, la editorial no contestó a Saramago si era digna de publicación o no, hasta que, más de 30 años después, y en una mudanza, aparecieron las hojas y la editorial quiso publicar la novela. Saramago, probablemente herido en su orgullo, no quiso que, mientras él viviera, "Claraboya" viera la luz.

Quiero aferrarme a la esperanza de que haya algún conjunto de folios perdido en un cajón en casa de García Márquez, ya que, ahora, esa mente prodigiosa confunde la realidad con la ficción, quien sabe si la inventada en alguna de sus obras maestras.