Ya en el aeropuerto (tras tomar el tercer medio de transporte - el metro -, y antes de tomar el cuarto -el avión-), compré El País, para entretenerme durante el tiempo de espera.
Una vez en el avión, comprobé mi mala suerte: una madre y su bebé llorón iban a ser mis más próximos compañeros de viaje.
Una vez en el avión, comprobé mi mala suerte: una madre y su bebé llorón iban a ser mis más próximos compañeros de viaje.
Mientras seguía hojeando el periódico, encontré esta viñeta de El Roto, que me pareció muy apropiada para mis circunstancias.
Además, durante ese vuelo amenizado de manera altruista por un niño con una increíble habilidad para ensordecer al personal, pude ver la puesta de sol sobre el Canal de la Mancha.
Así que aquí estoy, de nuevo haciendo una progresiva transición desde mi vida española hasta las costumbres inglesas. Que ya podían vender mantecadas en el Starbucks...

