-Y tú, ¿qué haces por amor? -Yo…sufro, por todo lo que fuimos. -Dices que sufres por lo que fuimos, ¿no? Yo creo que nunca ha estado mejor.
-¿Puedo darte un masaje en los pies?
-¿Por qué?
-Pues…Porque te duelen. Has pasado la noche corriendo por mis sueños.
-Si te vas a casar conmigo, deberías saber cuándo miento. Es algo fundamental. -Lo que se dice en un museo de arte, nunca se debe tomar en serio. - ¿No te vas a casar conmigo porque no te hago reír?
- Tomas escucha. Escucha. Hay veces en que la vida te pide un cambio, una transición. Como las estaciones. Nuestra primavera fue maravillosa. Pero ahora ya ha terminado el verano, hemos dejado pasar nuestro otoño. y ahora, de repente, hace tanto frío, tanto frío, que todo, todo, se está congelando a nuestro alrededor. Nuestro amor se ha dormido, y la nieve lo ha tomado por sorpresa. Pero si te duermes en la nieve, no oirás la llegada de la muerte. Cuídate.
Durante una quincena, en la ciudadenqueambosvivían proyectaron una serie de películas de habla inglesa en versión original subtitulada. La selección era impresionante, el organizador era un reconocido crítico de cine.
Desde el primer día, Arturo, gran cinéfilo, acudió al evento. Como siempre, compró las palomitas y un refresco y se sentó en las últimas filas, esperando disfrutar de la proyección.
Por su parte, Margarita, algo miope, escogió una de las filas más cercanas a la pantalla.
El segundo día, poco antes de que comenzara “Citizen Kane”, Arturo se fijó en la mujer coqueta que se colocaba con cuidado las gafas y se acomodaba en el asiento. Pensó que tenía un aire a Holly Golightly en “Breakfast at Tiffany’s”, así que hasta que empezó la película, se dedicó a observarla, curioso.
El tercer día, ella notó que un par de ojos se clavaban en su nuca. Y se volvió para cruzar, por primera vez, la mirada con un hombre de unos treinta, del cual le extrañó que llevara puesta una gabardina, con el calor que hacía en el interior de la sala. Jamás hubiera imaginado que él pretendía vivir con ella un final como el de la película de Audrey Hepburn, ambos empapados de lluvia y besándose, y quizá luego, bailar como Gene Kelly alrededor de farolas y pisando charcos.
Según pasaban los días y las sesiones, Arturo iba ganando filas, mientras Margarita sacrificaba una visión más nítida, por sentarse más cerca del hombre misterioso.
El penúltimo día del ciclo pasaban “12 Angry men”, y únicamente una fila de desconocidos les separaba.
El último día, Arturo se armó de valor, como los protagonistas de sus películas de samuráis preferidas, y se sentó al lado de Margarita. Aún faltaban unos 10 minutos para que comenzara “Casablanca”, así que, antes incluso de preguntarle su nombre o decirle el propio, le susurró: —¿Puedo hacerte una pregunta de cine?
Margarita, nerviosa, asintió.
—¿Te gustaría ir alguna vez conmigo? Ya sé que ya estamos en un cine, me refiero a una cita; después podríamos ir a cenar.
Sonrojada, volvió a mover la cabeza de arriba abajo.
— ¿Qué te gustaría ver?
— Sex and the city 2.
En aquel instante, Arturo notó cómo se quebraba su corazón, enamorado del cine. No podía entender cómo a una mujer que venía a un ciclo como ése le pudiera interesar aquel tipo de películas. Y, conteniendo el despecho de la mejor manera que pudo, le preguntó qué película del ciclo le había gustado más:
— La verdad es que vengo para desoxidar mi inglés. El cartel me ha parecido algo aburrido.
Arturo, tremendamente indignado, le escupió en la cara una versión de la mítica frase de Bogart:
— Ni tan siquiera tendremos París.
Y se marchó a la fila trasera de la que nunca debió alejarse.
Nada hay más poderoso que un hombre con un sueño y el valor de llevarlo a cabo. No habrá barreras tangibles o intangibles que frenen su ímpetu de verlo realizado.
Philippe es un funambulista francés que tras ver en una revista el diseño de dos torres gemelas en Nueva York, deseó con todas sus fuerzas tender un alambre entre ellas, para caminar entre las nubes la distancia que las separaba, desafiando a la gravedad, al tiempo atmosférico, a las leyes,y, por qué no, a la propia naturaleza humana, que ha condenado a nuestros pies a pasar la mayor parte del tiempo en tierra firme...
Y qué maravilloso espectáculo debió ofrecer a los transeúntes, aunque la vista de estos no puede compararse con la del propio Philippe, dueño de esos metros de cielo durante los 45 minutos que duró su sueño.
Ver este documental es aún más mágico ahora, su proeza es mayor, porque si antes era poco probable que se repitiera, a día de hoy, por la brutalidad de algunos, es imposible.