viernes, 1 de julio de 2011

Guerreros de a pie

Existen algunos seres humanos que,
ante los puñetazos de la vida,
se transforman,
y más que hombres y mujeres ordinarios,
parecieran los protagonistas
de historias épicas.

Cuando ataca la adversidad,
estos héroes de lo cotidiano,
no se rinden, sino que se convierten 
en construcciones inexpugnables.

Con la cabeza alta,
confiesan sin duda ni balbuceo
sus peores miedos,
que es el primer paso
para derrotarlos.

Jamás se detienen
frente a desdichas y obstáculos,
al contrario:
por graves que sean
con ellos se baten en duelo.

Y lo mejor de todo
es que cualquiera de nosotros
es, en potencia,
una de estas criaturas extraordinarias.


lunes, 20 de junio de 2011

Por alguna razón callé

Propongo que todo aquello que no te dije sufra una combustión espontánea en el momento en que ya no tenga sentido contarlo. Asimismo, esas mitades que guardé para mí cuando sólo confesé a medias, podrían evaporarse cuando ya no importen. ¡Que prescriban las faltas de omisión cuando carezca de valor compartir lo no revelado antes!


                                                      Foto de René Maltête

martes, 17 de mayo de 2011

¡Elige!

Tenía una decisión pendiente. Era una persona pragmática, no de ésas que cogen una moneda y la lanzan al aire, que toman un juego de cartas y eligen una (como en la película 2046), o que echan los dados a volar. 

Ella usaba cuadros estadísticos, enumeraba las opciones en la primera columna y en las siguientes colocaba las prestaciones, que recibirían mayor o menor puntuación por filas. Y tras rellenar todos los datos, los miraba y remiraba. Con un subrayador verde resaltaba los mejores candidatos. Alejaba el folio para darle una nueva perspectiva.  Lo paseaba por toda la casa, como si así alguna de las alternativas fuera a caerse de la hoja, exhausta. 

Entonces, sonaba el teléfono, y aunque, en un primer momento, ella rehusaba contar qué sucedía, el tono agobiado de su voz la delataba siempre, y terminaba confesando: “tengo un jaleo en la cabeza”. Y del otro lado del aparato, él escuchaba paciente, que para eso era un gran amigo, y sentenciaba: “pues sí, vaya quebradero de cabeza”.  Y al acabar la conversación seguía sin saber muy bien qué elegir. 

Se sentaba en sofá, para levantarse a los pocos segundos. 

Al llegar la noche, no podía dormir, imposible dejar de darle vueltas al tema. Mataba las horas de luna leyendo la edición digital de cierto periódico de tirada nacional; y así, al día siguiente, para cuando otros recién conocían las noticias, ella ya tenía hasta una opinión formada “¡qué mundo éste!”. 

Y se despertaba agotada, con toda la tensión en los hombros, como si por ellos la hubieran tendido junto a la ropa mojada. Los ojos se mostraban reticentes a abrirse y el cuerpo no recordaba bien el camino tantas veces repetido, así que el trayecto entre la habitación y la cocina lo hacía en zigzag, chocándose contra una y otra pared del pasillo. El prepararse el desayuno, en otras ocasiones, tarea sencilla y fútil, se convertía en una cadena de despropósitos: al servirse la leche en la taza, vertía la mitad fuera y/o la llenaba demasiado, por no hablar de ese medio minuto extra de microondas que provocaría que se quemara la lengua. 

Maldita sea. El sentido practico se rindió. Y ella tomó la moneda, deshojó la flor o escogió una carta de la baraja. Y también lanzó los dados, para que el azar determinara cuántos minutos necesitaría para darse cuenta de lo terrible que es la indecisión.


miércoles, 4 de mayo de 2011

Subacuática























"¡Insondable belleza, como jamás viera amante alguno en los ojos de su novia! No me hables de tus tiburones de feroces dientes, ni de tus hábitos salvajes y falaces. Que la fe domine la realidad, que la imaginación ahuyente la memoria; miro a los profundos y creo."

Moby Dick, Herman Melville.

martes, 26 de abril de 2011

El incidente

El sonido de la tormenta tras las ventanas no consiguió ocultar el ruido del asalto. Así que mamá bajó las escaleras corriendo para comprobar los daños. Y allí estaban, aún temblando sobre la mesa, las lilas tumbadas, el jarrón de cristal destrozado en innumerables pedazos, y el agua llorando sobre la alfombra, gota a gota.

De pie, al lado de la mesa, el chiquillo travieso, fingía estar sorprendido ante esa visión.

No hicieron falta preguntas, sólo esa mirada inquisitiva que tienen todas las madres.

Entonces, el pequeño cogió su lupa de explorador/coleccionista de sellos e impostando una voz detectivesca rompió el silencio:

— Es un misterio fascinante.

sábado, 16 de abril de 2011

Historia clínica.

"Informó que sufría taquicardia cada vez que lo veía, aunque fuera de lejos.

Declaró que se le secaban las glándulas salivales cuando él la miraba, aunque fuera de refilón.

Admitió una hipersecreción de las glándulas sudoríparas cada vez que él le hablaba, aunque fuera para contestarle el saludo.

Reconoció que padecía graves desequilibrios en la presión sanguínea cuando él la rozaba, aunque fuera por error.

Confesó que por él padecía mareos, que se le nublaba la visión, que se le aflojaban las rodillas. Que en los días no podía parar de decir bobadas y en las noches no conseguía dormir.

-Fue hace mucho tiempo, doctor -dijo-. Yo nunca más sentí nada de eso.

El médico arqueó las cejas:

-¿Nunca más sintió nada de eso?

Y diagnosticó:

-Su caso es grave."

Microrrelato de la colección "Bocas del tiempo" de Eduardo Galeano.

lunes, 4 de abril de 2011

Maravillosamente imperfectos.

Dentro de unos cientos de años, cuando el tiempo ya no se mida en términos tan subjetivos como la duración de un beso, el intervalo entre la última vez que te vi y la próxima ocasión en que pueda abrazarte, cuánto se puede sostener la mirada después de una mentira –quién sabe si piadosa –, sino en cifras huecas, a la par que objetivas –quizá en números romanos, esos nunca pasarán de moda-; en una cadena de montaje, el robot número 1 le preguntará al número 2 por qué se siguen fabricando seres humanos si son ineficientes, dado que su rendimiento y productividad son mínimos, además de ser terriblemente sensibles y frágiles.

En ese momento pseudofilosófico, el robot número 2 moverá una de sus extremidades hidráulicas superiores hacia la cinta transportadora que lleva los ejemplares de un lado a otro de la fábrica, para indicarle al robot número 1 que uno de los sujetos tiene una extraña mueca en la cara:

– Observa, las comisuras de los labios están inclinadas hacia arriba, y esto provoca que unos surcos se formen en sus mejillas. Debe de ser lo que antaño se denominaba “sonrisa”.

Ambos, el robot número 1 y el robot número 2, informarán sin dilación al robot-jefe, que rápidamente ordenará deshacerse del producto defectuoso y poner en cuarentena todo el recinto, no vaya a tratarse de un virus contagioso.