viernes, 23 de diciembre de 2011

Realmente sucedió así (II)

Aquellas Navidades, un hombre demacrado, escuálido, con un traje que algún día fue rojo plagado de remiendos, y que no había tomado una ducha desde hacía semanas, bajó por la chimenea de la familia Pérez. Se dirigió con tal ansia en dirección al plato con trocitos de diferentes variedades de turrones, que sus zapatos desgastados y embarrados, tropezaron con el borde de la alfombra y cayó de bruces. El pequeño Luis, que tenía el sueño muy ligero todas las noches de 24 de diciembre, acudió presuroso al salón. Fue una sorpresa tan feliz para el inocente niño, que ignoró el lamentable estado de Papá Noel. A gritos, llamó a sus padres, que aparecieron somnolientos ante la insistencia de su hijo. Se quedaron petrificados. Y en el momento en que la madre ya estaba agarrando el auricular para telefonear a la policía, Luisito comentó alegremente:
-          
         –  Que dice mi amigo Nicolás que necesita un lugar donde vivir.

miércoles, 30 de noviembre de 2011

Cosas que pasan (VI)

Sus prodigiosas manos acariciaban el teclado del piano de cola, confundiéndose sus dedos con las teclas blancas y negras, cuando, mágicamente, daba vida a las figuras impresas sobre el pentagrama, devolviéndolas al estado etéreo y sonoro en el que las había imaginado su creador. Era el más virtuoso y reputado del país, quizá de todo el continente.  Se comentaba que escucharle en vivo era una experiencia sensorial única, que la música que brotaba del instrumento inundaba toda la sala y se colaba en el interior de los cuerpos de los asistentes.

Y aquella noche, actuaba en su ciudad. Desde hacía meses, ella guardaba recelosamente su entrada, en una cajita de madera sobre la mesita de noche. Se trataba de un concierto benéfico en un glamuroso hotel del centro. Ella luciría el vestido rojo que compró para la boda de su mejor amiga, un par de años atrás. Creía que todas las alabanzas que recibía el músico eran desproporcionadas, que no se trataba más que de una tremenda campaña de márketing, pero, aun así, no quería perderse el evento.

Una vez en el lugar, a la hora indicada, se hizo el silencio cuando apareció un hombre pálido y menudo, caminando con paso lento pero firme hacia el piano del centro del escenario. Se sentó y comenzó la simbiosis. Sus dedos ejecutaban un baile apasionado con las teclas. Y la audiencia extasiada, escuchaba en un estado catatónico, sólo interrumpido por algún profundo suspiro.

En la primera pausa, el pianista reparó en la presencia de nuestra mujer de rojo. Nunca había sentido una emoción tan intensa, ni siquiera cuando logró ejecutar por primera vez sin fallos aquella pieza que se le había resistido durante meses. Entonces, comenzó a tocar para ella de la manera más dulce. Los latidos de los corazones reunidos se acompasaron con la melodía; y ella supo, al instante, que aquella embriagadora música le estaba dedicada en exclusiva. Así que, movida por una fuerza irresistible, fue caminando hacia él, y subió las escaleras que separaban al público del artista. Llegó a su lado en el momento en que él pulsó la última tecla, la última nota. Nervioso, él continuó sentado frente a su fiel compañero.

Entonces, ella pronunció las dos palabras que él había deseado, pero con la voz más estridente y horrible jamás imaginada, insoportable para sus oídos de melómano. Esta circunstancia resultó fatal, el pianista sintió cómo su corazón se quebraba. Y recostando la cabeza sobre las teclas, dejó caer la tapa del piano sobre la misma, repetidamente, hasta perder el conocimiento para siempre.

Imagen de Google

viernes, 11 de noviembre de 2011

Momentos cinéfilos (II): Paris, Je T'aime


-  Y tú, ¿qué haces por amor?
  - Yo…sufro, por todo lo que fuimos.
  -   Dices que sufres por lo que fuimos, ¿no? Yo creo que nunca ha estado mejor.
-¿Puedo darte un masaje en los pies?
    -¿Por qué?
- Pues…Porque te duelen. Has pasado la noche corriendo por mis sueños.

 -    Si te vas a casar conmigo, deberías saber cuándo miento. Es algo fundamental.
- Lo que se dice en un museo de arte, nunca se debe tomar en serio.
  -  ¿No te vas a casar conmigo porque no te hago reír?


  
                    - Tomas escucha. Escucha. Hay veces en que la vida te pide un cambio, una transición. Como las estaciones. Nuestra primavera fue maravillosa. Pero ahora ya ha terminado el verano, hemos dejado pasar nuestro otoño. y ahora, de repente, hace tanto frío, tanto frío, que todo, todo, se está congelando a nuestro alrededor. Nuestro amor se ha dormido, y la nieve lo ha tomado por sorpresa. Pero si te duermes en la nieve, no oirás la llegada de la muerte. Cuídate.

viernes, 26 de agosto de 2011

Momentos cinéfilos (I)

Un doble sólo significa algo cuando existe el original. Pero cuando el original desaparece, ¿qué ocurre con el doble?

Kagemusha








- ¡Oh, mamá! ¡Los bomberos! Va a haber un incendio.

Fahrenheit 451









- La soledad me ha perseguido durante toda la vida, por todas partes: en los bares, en los coches, en las aceras, en las tiendas, por todas partes. No tengo escapatoria. Soy un hombre solitario. 








Ella era tímida, bajaba la cabeza para darle a él la oportunidad de acercarse; pero él no podía por falta de coraje.

Deseando amar

miércoles, 17 de agosto de 2011

Realmente sucedió así


Doce veces repicaron las campanas de la Iglesia. Pese a llevar poco más de una hora en la fiesta, Cenicienta estaba harta: la sala de baile estaba atestada de gente, los taconazos de aguja la estaban torturando y, para colmo, “su príncipe” estaba bailando con absolutamente todas las féminas asistentes, excepto con ella. Era momento de tomar cartas en el asunto: ni corta ni perezosa, liberó uno de sus pies y empleó el zapato como arma arrojadiza, volando éste entre las cabezas de muchos de los presentes. El hecho de que la pobre estuviera ahora descalza a medias, desequilibró su figura y provocó que errara el tiro, salvando al objetivo del zapatazo. Y así fue como, por primera vez en su vida, al de sangre azul le dieron calabazas. ¡Vaya afrenta! No podía permitirse la familia real la mofa que acarrearía la publicidad de la escena. Por ello, uno a uno, entregó a todos los trovadores del reino un puñado de monedas de oro, para que maquillaran la historia.

martes, 9 de agosto de 2011

La historia de los sombreros


Ocultos bajo la capa de la cotidianeidad, pasan desapercibidos algunos objetos. Quizá no tengan un alto valor monetario, pero, las historias que esconden los hacen tremendamente importantes para sus poseedores.

Así sucede con estos sombreros que un día se posaron sobre un jardín en alguna parte de miciudad, bajo el sol abrasador de principios de verano.

Hay dos bombines de procedencia dispar: uno descansó durante un tiempo en una tienda de artículos de broma y fiesta, y debía de significar tan poco para su anterior propietario que lo abandonó en las calles de mi querida Salamanca, donde fue recogido. El otro bombín lo compró mi hermana Elena en un concierto de ese gran cantante español que ha hecho de este tipo de sombrero parte de su imagen: sí, tiene escrito en la cinta negra “Sabina”, aunque para ser del todo rigurosos, hay que añadir que ese concierto formaba parte de la gira conjunta de aquél con el gigante Joan Manuel Serrat, “Dos pájaros de un tiro”.

Entre los dos bombines asoma un panamá que compramos un verano en el que te empeñaste en que querías uno, pero eres demasiado menuda y ninguno te ajustaba bien, ¡te sobraba sombrero! Hasta encontrar éste, que tenía el tamaño adecuado.

Cargado de flores está el sombrerito viajero: no se ha perdido una excursión desde que fue comprado. Recientemente, ha sido testigo de una puesta de sol en una playa gallega, una ronda de pescaíto frito en Cádiz,  un paseo por Las Ramblas o una vuelta por El Retiro. Recuerdos me traen también las flores olorosas que anidan en ese florero improvisado. Siempre he pensado que el olfato es el sentido más evocador de todos: ciertos olores me llevan inexorablemente a los lugares y momentos a los que los he asociado. Por eso, guardo un poquito de cada perfume y esencia cuando estos están casi agotados, para darle cuerda a la memoria. Así, el olor de aquel ambientador de sandía me lleva de vuelta al mes en Nueva Jersey o la canela en rama a las tardes preparando arroz con leche en la cocina familiar.

Volviendo a la columna sombrerera, el blanco con una cinta morada llegó como un regalo precioso por vía postal, rodeado de caramelos y una postal de Elvis. Y debo aclarar que era una treta oculta de su remitente, que sospechaba que yo necesitaba un empujoncito para seguir con este lugar (muchas gracias).

Coronando la pila de sombreros se encuentra uno muy especial: es un regalo para mamá, para que lo luzca en el pequeño huerto que cultiva papá, entre los mejores tomates y calabacines. Ella lo ha paseado aún más, por algunos de los senderos más inaccesibles de nuestra tierra -desfiladeros inclusive-. 
Pero bueno, finalmente, un sombrero nunca sabe cuál va a ser su destino.


domingo, 24 de julio de 2011

Descanso por vacaciones

Por suerte, este mes de Julio vivo en modo nómada. Después de visitar tierras portuguesas, el pasado fin de semana fui a Madrid y desde allí volé a Barcelona.
De la capital española recomiendo, a quien pueda acercarse, la exposición de Antonio López, porque es simplemente emocionante, aunque yo prefiero, frente a los óleos hiperrealistas de la Gran Vía, algunos de sus dibujos a lápiz.
La ciudad catalana me encantó, me quedaría especialmente con Montjuic (y las vistas desde el edificio del Museo Nacional de Arte de Cataluña), el parque Güell y el interior de la Sagrada Familia.

De nuevo me encuentro preparando las maletas, así que, dado que tanta ruta me impide actualizar el blog con la frecuencia deseada y leer y comentar a otros compañeros virtuales, me tomo unas vacaciones.

¡Hasta pronto!