martes, 9 de agosto de 2011
La historia de los sombreros
jueves, 1 de julio de 2010
Primer aniversario del blog.
Siempre he sido bastante escéptica respecto a las emociones que se pueden generar en estos espacios virtuales, así que me he sorprendido gratamente al comprobar que es posible transmitir ilusión y cariño.
Durante este tiempo, lo que más me ha llamado la atención es el abanico de interpretaciones que surgen respecto a los textos. Cuando yo escribo, tengo una idea clara sobre el fondo, pero, de pronto, aparecen comentarios que me descubren visiones que no había ni imaginado. Y eso me encanta.
Además, el blog me ha permitido conocer muchos otros, y descubrir que hay gente que tiene mucho talento, que es muy original en sus historias, que encuentra las palabras exactas, que hace fotos increíbles...
Por todo ello, muchas gracias a todos.
Este aniversario de blog, que simplemente es un día más en el calendario, ha coincidido temporalmente con el cierre de mi etapa universitaria. He hecho las maletas y espero nuevo rumbo.
It's a new dawn, it's a new day, it's a new life, for me, and I'm feeling good.
domingo, 18 de abril de 2010
La graduación.
El día de ayer fue bonito.
Sería faltar a la verdad decir que me emocioné con los discursos que dieron delegados de clase y profesores - padrinos durante la ceremonia, aunque ya suponía de antemano que las palabras de personas con las que, en el mejor de los casos, mi única relación es copiar sus explicaciones, y en el peor, ni tan siquiera había visto hasta ayer (delegados de otras clases o profesores de otras carreras), era difícil que lograran impactarme.
Por el contrario, sí me hizo ilusión ver proyectadas a tamaño gigante las fotos con mis amigos, mientras se oía a Joe Cocker cantar “With a little help from my friends” y brindar con ellos horas más tarde por un feliz futuro para todos.
Me alegra saber que mi familia está orgullosa de mí (aunque los que pudieron asistir a la graduación tuvieran que esperar más de dos horas hasta que finalmente dijeron mi nombre para ponerme la banda bicolor).
Otro momento para el recuerdo fue cuando recibí un regalo muy especial de dos personas que no pudieron acompañarme – físicamente– en el día de ayer: un birrete hecho de cartulina y un diploma muy particular.
Dicho todo lo anterior, como os podeís imaginar, ayer lucí una sonrisa enorme durante todo el día.
martes, 26 de enero de 2010
I'm back.
El primer día en Londres, nos pateamos todo el centro, de Buckingham Palace a Hyde Park, de ahí a Piccadilly Circus, Covent Garden, el embarcadero (no hubo éxito, no había barquitos de esos que te dan una vuelta por el Támesis), Parlamento, Big Ben, abadía de Westmister, Soho (¿de veras está 20 minutos de Westmister? Creo que el inglés que nos indicó era pariente de Usain Bolt) de ahí a cenar y a planear el próximo día. Estábamos alojados en un bed & beakfast, que era para lo único para lo que pisamos el lugar (dormir y desayunar), y gracias, que no quiero ni acordarme de esa moqueta ennegrecida, jaja.
El segundo día, tras desayunar, dos de nosotros a lo English, (yo no, que a mí eso de comer alubias y huevo frito en la mañana como que no me apetece, jeje), fuimos a Harrod´s y de allí a otra propuesta comercial completamente distinta: Camdem Town, barrio peculiar, jeje, con su mercado y su Amy Winehouse (a esta última no la vimos), de allí de vuelta al Soho, paseo en bus de dos plantas (recomendación: comprar one-day travelcards, para bus y metro, sale mucho más económico) hasta la catedral de San Pablo, de nuevo bus hasta Tower Bridge y Tower of London, maravillosas vistas desde el embarcadero, y unas cervecitas, claro, como somos nosotros, imprescindible, jeje, pedimos "London Pride". Más tarde, no mucho, que allí se vive a otro ritmo, fuimos a cenar, a un restaurante español, que de español tenía la bandera y carteles de corridas de toros, pero platos como "Pollo al Ecuador", jamás los probé en España. Cenaditos, no podíamos ir a tomar más cervezas porque ya habían cerrado. De hecho, era curioso ver a la gente de copas a las ocho de la tarde... Y las mujeres inglesas he de decir que sí que están curtidas para el frío, que iban en vestiditos sin abrigo y sin medias, qué valientes.
El tercer día, fuimos a Notting Hill, a pasear por el mercado de antigüedades de Portobello Road. Y de allí, a la National Gallery, a ver "Los girasoles", entre otros cuadros. Y hacernos fotos varias por ahí, jeje.
Y el cuarto día, volvimos a España, un poquito cansados, jeje, la que escribe durmió catorce horas del tirón, jaja.
Pero mereció la pena...
sábado, 5 de septiembre de 2009
En recuerdo de Freddie Mercury.
Sin embargo, de pequeña no era así, de hecho la monja/profesora de Música me incluyó en el coro infantil del colegio, tras realizar una audición, en la que canté, al igual que el resto de mis inconscientes compañeros, una canción en honor a la Virgen patrona de mi ciudad. Los caminos del señor son inescrutables.
Con el paso de los años y la llegada de la pubertad, me abandonó la voz aniñada y la monja me trasladó a la 2ª voz (olvidé mencionar que el "casting" me otorgó una plaza como soprano).
Para cuando me hubiera relegado la religiosa a la 3ª voz (la que secretamente todos repudiábamos), o, incluso, me hubiera echado del coro por falta de aptitudes o de motivación o de fe, cambié el colegio por un instituto público, sin crucifijos ni capilla, y, lo que era mejor, sin coro.
Ahora no canto ni en la ducha.
Menos mal que hay personas que sí valen para estos menesteres y que crean canciones que otros hemos de conformarnos con tararear. Para muestra, el fallecido Freddie Mercury, vocalista de Queen, cuyo aniversario (de su nacimiento no de su muerte) es hoy.
La canción "Bohemian Rhapsody" me hipnotiza. En cierto verano, en el que estaba yo haciendo un curso por tierras inglesas, pasaba más de dos horas cada día en el bus urbano, porque vivía en una urbanización alejada del centro. En esos viajes, programaba el repeat y dicha canción los amenizaba, de tal manera que su duración no se medía en minutos, sino en veces que Freddie me contaba la historia de un tipo que mató a otro.
lunes, 10 de agosto de 2009
Creencias literarias...
La primera de ellas es que al plasmar en el papel incluso cualquier pequeñez que nos haga meditar un rato, estamos dándole vida y a la vez, muerte. Explicaré mejor esto último: el nacimiento a la vida escrita va a asesinar esas sensaciones, va a cortarles las alas vilmente, a impedir, en definitiva, su transformación a mariposa en el mundo real. Al escribir nuestras emociones, nuestros anhelos, perdemos el ansia de verlos realizados, pierden su fuerza.
Esta creencia mía aparece ratificada en el libro “La sirena negra” de Emilia Pardo Bazán. En la novela citada, uno de los personajes alaba constantemente el suicidio y se dedica a mostrar al mundo su adoración a la muerte mediante artículos que publica en periódicos de escasa difusión. Jamás colgará la cuerda que le robaría de forma violenta y obligada el aire necesario para seguir amando a la dama oscura. Al dejar fluir sus sentimientos a través de su escritura, estos mueren en cierto grado; puede que sigan latentes, pero han perdido su fuerza, su ímpetu, su pasión.
¿Será un sacrificio la escritura?
La otra creencia es que escribir es como redactar una carta dirigida a nosotros mismos, contándonos cosas que de otro modo no nos sería posible descubrir. Curiosamente, esto también aparece de algún modo en la novela anteriormente mencionada.
Quizá yo haya llegado a esta idea porque se adapta perfectamente a mi situación de persona que escribe en momentos de sentimientos convulsos para desahogarse. Hay cosas en las que, precisamente por su carácter de evidentes, no reparamos hasta que nos chocamos contra ellas cuando las leemos o cuando alguien hace algún tipo de comentario al respecto.
Y es que este siglo XXI nos tiene tan mimados que no tenemos apenas necesidad de parar en seco y preguntarnos gran parte de las cosas. Nos limitamos a asentir y aceptarlas.
viernes, 17 de julio de 2009
Ciao Italia
Día 1.
Nos levantamos a las 6.30 a.m., el vuelo saldrá a las 9.55. Nervios antes de subir en el avión, para alguna va a ser el primer vuelo. Pitidos en el control de seguridad: piercings y chapas beatlelianas y ovejunas. Aplausos, ya hemos llegado a Bergamo, son las 12.00. Uy, qué nublado está, vaya frío que debe hacer, ponte la chaqueta. Pues no, vaya bochornazo. Joé, qué calor. Reencuentro con Sandra, en primera línea entre los que esperan.
Autobús desde el aeropuerto y ya estamos en Bergamo. ¿Qué mejor guía que nuestra Erasmus, jaja? ¡Qué bonito Bergamo! El funicular nos lleva de la Cittá Baja a la Alta y de la Alta a edificios y un castillo aún más arriba. Entre medias, un heladito italiano, eso que no falte, y algún incidente que otro con un polo de mango. Ains.
Para cenar, un aperitivo, una de las mejores cosas autóctonas, pagando una bebida tienes derecho a cuanta comida quieras, ocasión inmejorable para probar pastas frías, calientes, ...Bonitas vistas desde la terraza del piso de Sandra. Y a dormir que mañana nos vamos a Milano.
Día 3.
Amenaza tormenta. Deja de ser amenaza. Está lloviendo con ganas. Ya no podemos ir al lago de Lecco. Iremos después de comer. Carreras para no perder el tren. Durante el trayecto vemos cómo va oscureciendo fuera, sólo son las cuatro de la tarde y llueve a mares. Entre el andén y la estación nos calamos, es una sensación genial, la lluvia fresquita nos ha empapado, pero la siguiente sensación ya no es tan agradable: nos estamos congelando. Pues nada, llegar para coger el tren de vuelta. Y aquí estoy, escribiendo. Aún falta día y medio de viaje y esto promete.
miércoles, 1 de julio de 2009
Presentación
"Llamadme Ismael. Años atrás, no importa cuántos, hallándome con poco, o ningún dinero en la faltriquera, y sin nada que me interesara especialmente en tierra, se me ocurrió hacerme a la mar por una temporada, a ver la parte acuática del mundo. Es el sistema que tengo de ahuyentar la hipocondría y regular la circulación sanguínea. En cuanto noto en mi alma las húmedas brumas de noviembre, cuando me detengo involuntariamente ante las funerarias, o me agrego al cortejo del primer entierro con que tropiezo, y particularmente cuando la hipocondría me domina de tal forma que necesito de mis fuertes principios éticos para no lanzarme a la calle a quitarle a golpes, metódicamente, los sombreros a la gente...entonces, ya sé que es tiempo de embarcarme en cuanto pueda. Es mi sucedáneo del tiro de pistola. Catón se arroja sobre su espada, haciendo aspavientos filosóficos; yo me embarco pacíficamente. No hay en ello nada sorprendente. Si bien lo miran, no hay nadie que no experimente, en alguna ocasión u otra, y en más o menos grado, sentimientos análogos a los míos respecto del océano."
Últimamente me ha dado la tentación de "quitar sombreros" en muchas ocasiones, pero, en lugar de volverme marinera, me he decantado por usar la palabra para combatir esta mezcolanza de rabia, frustración y vete tú a saber qué más.
Además, como dice Eduardo Galeano en "El libro de los abrazos":
"Cuando es verdadera, cuando nace de la necesidad de decir, a la voz humana no hay quien la pare. Si le niegan la boca, ella habla por las manos, o por los ojos, o por los poros, o por donde sea. Porque todos, toditos, tenemos algo que decir a los demás, alguna cosa que merece ser por los demás celebrada o perdonada."
Buena suerte y hasta luego.